¿Los responsables son las drogas o los hombres?
Lo robaron, le pegaron, lo asaltaron, la violaron, lo asesinaron, son los titulares más vendidos por la prensa, la morbosidad está de moda y cada uno de nosotros contribuimos de manera casi inevitable a ello.
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Escrito por EDITORIAL Viernes, 06 de Agosto de 2010 04:49
Las drogas están en la boca de todos. El tabaco, el alcohol, la marihuana, la cocaína, la pasta base, psicofármacos y otros medicamentos. Todos tenemos o tuvimos algo que ver con alguna de ellas. ¿O no? Es probable que algunos en forma directa a través de un consumo cotidiano; otros, de uno esporádico, o quizá nos haya tocado vivir el tema mucho más de cerca por medio de familiares, amigos, vecinos o compañeros.El alcohol, droga social aceptada, cala hondo en los jóvenes uruguayos con sus negativas consecuencias y nos deberíamos preguntar qué rol juega en esas vidas, por qué es tan necesario a la hora de la diversión. ¿Es mejor, peor, igual, que un porro? ¿Qué costumbres, formas de vida, motivaciones, recompensas tenemos a medida que las nuevas generaciones viven o sobreviven? ¿Hasta dónde necesitamos de sustancias o elementos externos para hacer posible el relacionamiento humano? ¿Cuando se volvió imprescindible una cerveza para charlar honestamente con amigos? ¿Cuando de volvió Facebook imprescindible para tener amigos? ¿Cómo y cuándo nos pasó esto?
¿En qué punto pasan de ser estas reflexiones divagues propios de una charla acompañada con “una con limón” (¿ven?) a ser problemas que nos afectan a todos? ¿En que punto lo que hace el otro me afecta y lo que hago afecta a los demás?
En principio resulta urgente y fundamental (aunque incómodo tal vez) poner este tema sobre la mesa, pero no para coloquios desde el Olimpo, sino para realmente discutirlo. Rompernos la cabeza para encontrarle la vuelta pero con una perspectiva de clase, porque si cualquier sustancia puede complicarle la vida a cualquiera, poner en riesgo una familia entera, requerir de clínicas o procesos de recuperación complejos (y caros); imaginemos lo que le sucede a alguien que además no tuvo oportunidades ni caminos a elegir, a alguien para el cual comer o no es como una ruleta rusa, a esas familias que no pueden elegir su entorno ni su futuro.
Deberíamos tener muy presente que si bien siempre uno puede elegir, la pregunta debe ser entre qué opciones podemos elegir, y aquí la libertad se vuelve demasiado relativa. El sistema nos ha dejado sin opciones, cuanto más excluido menos opciones. En este país un adolescente del Interior no es libre de elegir ser un estudiante universitario y convertirse en profesional; mucho menos un adolescente sin familia, sin lugar donde dormir es libre de nada, menos de decirle que no a la pasta.