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Carta a Obama

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El reconocido columnista del New York Times y reciente Nobel de Economía, Paul Krugman, se dirigió por carta al Presidente de EEUU, para exponer sus ideas sobre la economía y asuntos con ella relacionados, así como sobre las cosas que se podrían hacer en el primer año de mandato. Porque el éxito o fracaso del gobierno dependerá en gran parte de lo que suceda en el primer año y sobre todo, de si logra controlar la crisis económica actual. No sería ocioso atender las medidas recomendadas para aquella realidad. 

Estimado Sr Presidente,

¿Qué tan malas son las perspectivas económicas? Peor de lo que casi nadie se hubiera imaginado.

El crecimiento económico en la era Bush estuvo alimentado por un estallido de la deuda privada; ahora los mercados de crédito están dados vuelta, las empresas y los consumidores se están retrayendo y la economía está en caída libre. A lo que nos enfrentamos, en esencia, es una enorme brecha laboral.

La economía de EEUU necesita sumar más de 1 millón de puestos de trabajo por año sólo para mantenerse al ritmo de la creciente población. Incluso antes de la crisis, bajo el mandato de Bush el crecimiento de la ocupación promedió sólo 800.000 puestos por año – y durante el año pasado, en lugar de ganar un millón más de puestos, perdimos 2 millones. Hoy seguimos perdiendo puestos de trabajo al ritmo de medio millón por mes. Estimado Sr Presidente:

No hay nada en los datos ni en la situación subyacente que sugiera que la caída del empleo vaya a aminorar pronto, lo cual significa que para fines de este año podemos llegar a tener 10 millones de trabajos menos de lo que deberíamos. Esto, a su vez, implicaría una tasa de desempleo de más del 9 por ciento. Sumémosle aquellos que no son considerados en la tasa estándar porque ya no buscan trabajo, más los que se ven forzados a tomar trabajos part-time cuando lo que quieren es trabajar full time, y probablemente estaremos viendo un desempleo real de alrededor del 15 % (más de 20 millones de norteamericanos que ven frustrados sus esfuerzos para conseguir trabajo).

El costo humano de una caída tan severa sería enorme. Diez millones de estadounidenses de clase media serán empujados a la pobreza, y otros seis millones a la indigencia, un severo estado de privación que sucede cuando el sueldo está a menos de la mitad del nivel de pobreza. Muchos de los estadounidenses que pierdan sus trabajos también perderán su seguro médico, empeorando el ya lúgubre estado de la salud en los EEUU, e inundando las salas de emergencia con aquellas personas que no tienen otro lugar a donde ir. Mientras tanto, otros millones de estadounidenses perderán sus casas. Los gobiernos provinciales y locales, habiendo perdido gran parte de sus ingresos, tendrán que hacer recortes incluso en los servicios más esenciales.

Si las cosas siguen su curso actual, Sr. Presidente, pronto estaremos frente a una gran catástrofe nacional. Y es su tarea – una que ningún otro presidente tuvo que hacer desde la Segunda Guerra – evitar esa catástrofe.

Rescatando a la economía

El último presidente que tuvo que enfrentar un lío semejante fue Franklin Delano Roosevelt, y usted puede aprender mucho de su ejemplo. Esto no significa, sin embargo, que usted deba hacer todo lo que hizo FDR. Por el contrario, usted debe intentar emular sus éxitos, pero evitar repetir sus errores.

Acerca de esos éxitos: La forma en la que FDR lidió con el desastre financiero de su época ofrece un muy buen modelo. Entonces, como ahora, el gobierno tuvo que usar el dinero de los impuestos para rescatar al sistema financiero. Había, sin embargo, una gran diferencia entre la forma en que FDR manejó el rescate financiero subsidiado con recaudación impositiva, y la que llevó a cabo la administración Bush: a saber, que a FDR no le dio vergüenza pedir que el dinero de la gente sea usado para servir al bien común. Para 1935, el gobierno de EEUU era dueño de cerca de un tercio del sistema bancario, y la administración Roosevelt utilizó esa porción de propiedad para insistir con que los bancos ayuden de hecho a la economía, presionándolos para que presten el dinero que Washington les estaba dando. Más aún, el New Deal se lanzó a prestar un montón de dinero: directamente a empresas y gente que quería comprar su casa, y a gente que ya era propietaria, ayudándolos a reestructurar sus hipotecas para que puedan quedarse con sus casas.

¿Puede usted hacer algo como eso hoy? Sí, puede. Si los bancos necesitan fondos federales para sobrevivir, provéaselos, pero demande que los bancos hagan su parte prestando esos fondos al resto de la economía. Otorgue más ayuda a los propietarios. Utilice a la Asociación Federal Nacional Hipotecaria y a la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios - las agencias de préstamos inmobiliarios- para transmitir los bajos costos de los préstamos oficiales a propietarios calificados.

Los conservadores van a acusarlo de nacionalizar el sistema financiero, y algunos lo llamarán marxista (a mí me pasa todo el tiempo). Y la verdad es que usted estará, de alguna manera, llevando a cabo una nacionalización temporaria. Pero eso está bien: en términos generales, no queremos que el gobierno maneje a las instituciones financieras, pero por ahora necesitamos hacer lo que sea para lograr que el crédito vuelva a fluir.

Todo esto va a contribuir, pero no lo suficiente. Sin duda usted deberá tratar de solucionar el problema de los bancos y otras instituciones financieras. Pero para sacar a la economía de su caída, debe ir más allá de canalizar dinero a los bancos y otras instituciones financieras. Debe darle un impulso a la economía real del trabajo y los ingresos. En otras palabras, tiene que arreglar bien el tema creación de empleo, cosa que FDR nunca hizo.

Esto puede sonar raro. Después de todo, lo que se recuerda de los años 30 es la Works Progress Administration, que en su punto más alto dio empleo a millones de estadounidenses construyendo caminos, escuelas y represas. Pero los programas de creación de empleo del New Deal, si bien contribuyeron de verdad, no fueron lo suficientemente grandes ni sostenidos como para terminar con la Gran Depresión. Cuando la economía está en profunda depresión, uno tiene que dejar de lado las habituales preocupaciones acerca de déficits presupuestarios; FDR nunca logró hacerlo. Como resultado, fue demasiado precavido: el impulso que le dio a la economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión. Y en 1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten: aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que subía los impuestos. Esto llevó a una severa recesión que deshizo mucho del progreso que la economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que venir el enorme proyecto público conocido como Segunda Guerra Mundial – un proyecto que silenció al fin a los tacaños – para que la Depresión llegue a su fin.

La lección del limitado éxito de FDR en el frente del trabajo, entonces, es que usted tiene que ser verdaderamente audaz en sus planes de creación de empleo. Básicamente, las empresas y los consumidores están recortando muchísimo sus gastos, dejando a la economía con un enorme déficit de demanda, que llevará a una enorme caída del empleo, a menos que usted lo frene. Para frenarlo, sin embargo, debe gastar lo suficiente como para llenar el agujero que dejó la reducción del sector privado.

¿De cuánto gasto estamos hablando? Quizás sea mejor que se siente antes de seguir leyendo: "Pleno empleo" significa una tasa de desempleo del 5% como mucho, y probablemente menos. Mientras, hoy estamos en una trayectoria que empujará la tasa de desempleo al 9% o más. Incluso los estimados más optimistas sugieren que se necesitan al menos $200 billones al año de gasto público para bajar la tasa de desempleo en un punto porcentual. Haga la suma: usted probablemente tiene que gastar $800 billones al año para lograr una recuperación económica total. Menos de 500 billones por año será demasiado poco como para generar un cambio económico.

Un gasto a esa escala, en tiempos en que la economía, debilitada, está haciendo bajar la recaudación impositiva, producirá unas cifras de déficit realmente atemorizantes. Pero las consecuencias de ser demasiado cuidadoso - o de no hacer lo suficiente como para frenar la caída en picada de la economía – serán aún más terroríficas que el océano de tinta roja que se viene.

De hecho, el problema más grande con el que se va a enfrentar al intentar rescatar a la economía será el de encontrar suficientes programas laborales que puedan empezar rápidamente. Los tradicionales programas del estilo WPA – gastar en rutas, edificios públicos, puertos, y otras infraestructuras – son una herramienta muy efectiva para crear empleo. Pero Estados Unidos tiene probablemente algo menos de $150 billones en proyectos del estilo, que están listos para hundir la pala ahora mismo, que pueden comenzarse en seis meses o menos. Así que va a tener que ser creativo: deberá encontrar muchas otras formas de meter fondos en la economía.

Debería gastar todo lo que sea posible en cosas de valor a largo plazo, cosas que – como las rutas y los puentes – hará que éste sea un país más rico. Aumentar la infraestructura detrás de Internet, mejorar la red eléctrica, mejorar la tecnología informática en el sector de la salud, una parte crucial de cualquier reforma del sistema de cobertura médica. Suministre ayuda a los gobiernos provinciales y municipales, para prevenir que recorten gastos de inversión en el momento menos propicio. Y cuando haga esto recuerde que todo ese gasto cumple una función doble: sirve para el futuro, pero también ayuda en el presente, dando trabajo e ingresos para compensar el desplome.

También puede hacer lo correcto haciendo un bien. Los estadounidenses que fueron más golpeados por la caída – los desocupados crónicos, las familias sin seguro médico – también son los estadounidenses que más probablemente gasten cualquier ayuda que reciban, y de esa manera ayudan a sostener la economía como un todo. Así que la ayuda a los necesitados – un mayor seguro de desempleo, vales de comida, susidios para seguros médicos – es al mismo tiempo algo justo y una parte deseada de su plan económico en el corto plazo.

Sin embargo, aún si hace esto no será suficiente para compensar la increíble caída del gasto privado. Así que sí, también tiene sentido recortar los impuestos temporalmente. Los recortes impositivos deberían ir principalmente a los estadounidenses de ingresos bajos y medios; una vez más, porque es lo más justo y porque es más probable que ellos - en vez de los mejor acomodados – gasten la ayuda que reciban. Las exenciones impositivas para familias trabajadoras que usted expuso en su plan de campaña parece un instrumento razonable.

Pero seamos claros: los recortes impositivos no son la mejor herramienta para luchar contra la recesión económica. En primer lugar, rinden menos que el gasto en infraestructura, porque no hay ninguna garantía de que los consumidores vayan a gastar sus recortes o reembolsos impositivos. Como resultado, probablemente se requieran recortes por más de $300 billones, comparados con los $200 billones en obras públicas, para bajar un punto la tasa de desempleo. Más aún, a la larga va a necesitar más recaudación impositiva, y no menos, para pagar la reforma del sistema de salud. Entonces, los recortes impositivos no deberían ser el núcleo de su programa de recuperación económica. Deberían, en cambio, ser una forma de agrandar su programa de creación de empleo, que de otra manera no será lo suficientemente grande.

Mi sincera opinión es que incluso con todo esto, usted no podrá evitar que 2009 sea un año muy malo. Si logra que la tasa de desempleo no pase del ocho por ciento, voy a considerar eso un gran éxito. Pero para 2010 usted debería ser capaz de poner a la economía en camino a la recuperación. ¿Cómo debería prepararse para esa recuperación?

Más allá de la crisis

El manejo de la crisis es algo importante, pero EEUU necesita mucho más que eso. FDR reconstruyó EEUU no sólo haciendo que atravesámos a salvo la depresión y la guerra, sino también convirtiéndonos en una sociedad más justa y segura. Por un lado, creó programas de seguro social, en especial el Seguro de Desempleo, que ha protegido a los trabajadores estadounidenses hasta el día de hoy. Por otro, supervisó la creación de una economía mucho más igualitaria, creando una sociedad de clase media que duró décadas, hasta que las políticas económicas conservadoras trajeron la nueva era de la desigualdad que reina hoy. Usted tiene una oportunidad de emular los logros de FDR, y el juicio final sobre su presidencia descansará sobre si usted aprovecha o no esa oportunidad.

El legado más importante que puede dejarle al país será darnos, finalmente, aquello que todas las naciones desarrolladas del mundo ya tienen: atención médica garantizada para todos sus ciudadanos. La crisis actual nos ha dado una lección acerca de la necesidad de una cobertura médica universal de dos maneras. Ha subrayado la vulnerabilidad de los estadounidenses cuyo seguro médico está atado a trabajos que pueden desaparecer fácilmente. Y ha dejado claro que nuestro sistema actual es además un mal negocio: las Tres Grandes automotrices no estarían en semejantes problemas si no hubieran intentado pagar los gastos médicos de sus antiguos empleados además de los de sus actuales trabajadores. Usted tiene el mandato de cambiar las cosas; la crisis económica ha demostrado que el sistema necesita ser cambiado. Y ahora es el momento de aprobar las leyes que establezcan un sistema que dé cobertura a todos.

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