Última actualización el Miércoles, 11 de Agosto de 2010 15:46 Escrito por Mario Carrero Lunes, 11 de Mayo de 2009 20:49

Porque es un viejo luchador social. Porque tiene esa sabiduría que dan los años y una convicción y una austeridad revolucionaria que ha pasado y soportado las más duras pruebas… Porque ha demostrado que no tiene más compromisos ni objetivos que los que emanan del acariciado y perseguido sueño artiguista y federal… Porque confío en que tendrá la inteligencia y la astucia necesarias para seguir profundizando los cambios, para seguir avanzando, a paso de pueblo…
Y porque así lo ha mandatado, además, el último Congreso del Frente Amplio.
Desde distintas tiendas y en medio del fragor de la batalla electoral, se han levantado voces que apuntan a la estampa poco “presidencial” de Mujica, a su “vocabulario” franco y directo, sin la ampulosidad de la que hacen gala los más conspicuos integrantes de la clase política tradicional, que mucho hablan, poco dicen y menos hacen.
Es que el Pepe Mujica, es algo así como “la voz de la conciencia” de la clase política. Esa voz que dice todo lo que muchos saben, pero no quieren o no les interesa que se diga.
Creo entonces, que resulta necesario que en esta nueva etapa, gobierne un igual a nosotros, capaz de comprender las necesidades de la gente más allá de los peajes y de los puentes, más allá de las corporaciones, más allá de los fríos balances macroeconómicos o del conservador cálculo de votos que se pueden llegar a perder por decir u opinar tal o cual cosa. Porque es bueno que un candidato a presidente hable como la mayoría de la gente y se “caliente” ante la burocracia y la inmovilidad anquilosada durante años de clientelismo. Como se podría “calentar” cualquiera de nosotros.
El viejo sueño artiguista que perseguimos nos ha costado mucha sangre, muchos compañeros muertos o desaparecidos. Muchas veces hemos caído y vuelto a levantar, hemos sentido la frustración y la desazón de ver que ese sueño se distanciaba y muchas veces también hemos festejado alborozados el más mínimo avance, el más imperceptible pasito, la más aparentemente insignificante victoria…como este, nuestro primer gobierno nacional.
Y ya no solo desde el inicio de nuestro Frente Amplio, desde mucho antes, desde nuestra propia génesis revolucionaria.
Desde el mismo momento en que Artigas -que tampoco integraba las clases políticas de la época- se plantaba ante los poderosos y alcahuetes de turno para comenzar a construir el sueño de la Patria Grande.
Desde ese mismo momento, los avances populares fueron pasito a pasito, sostenidos por el dolor y el sufrimiento de las clases más pobres, de los indios y los esclavos, del gaucho matrero y cerril, de los pobladores de la campaña, de los más desposeídos, esos, que hasta fueron capaces de abandonarlo todo para marchar detrás de aquel ideal libertario.
Esos mismos pobladores que después de la gran traición al caudillo se vieron enfrentados hermano contra hermano, divisa contra divisa, defendiendo intereses muy distintos a los de aquel viejo sueño libertario.
¡Si habrán cambiado los tiempos, que hoy, esas divisas se unen para intentar acumular los votos que frenen el avance de las clases populares!
No puedo dejar de sentir con orgullo que éste, nuestro Frente Amplio, haya sido construido a imagen y semejanza de aquella patriada, que éste nuestro Frente Amplio sea la continuación histórica de aquella gesta artiguista. Por derecho de sangre y de sufrimiento, por convicción ideológica y política, porque nacimos con ella y nunca dejamos de hacer flamear bien en alto la azul, roja y punzó.
No puedo tampoco dejar de asumirlo con la responsabilidad crítica y revolucionaria que el hecho merece. Con firmeza y decisión para combatir los desvíos y las renuncias, sabiendo que siempre habrá cosas para cambiar, para transformar, y que “nada podemos esperar sino de nosotros mismos”.
Estamos ante otra etapa histórica, con otras condiciones objetivas, pero con otra experiencia. Mucho hemos hecho bien, mucho se ha avanzado, el gobierno del compañero Tabaré Vázquez cuenta con un altísimo porcentaje de aprobación popular. Pero mucho falta todavía y no pocas veces hemos caído en errores. Son parte y motor del proceso revolucionario.
Hoy día, estamos inmersos en un mundo globalizado, en estado de emergencia cultural, asediado por la crisis de valores, por el fracaso de las políticas neoliberales, por la crisis mundial, por el deterioro ambiental, la droga, la desocupación y el hambre.
Un mundo cercado por la inseguridad y la violencia.
Un mundo que nunca como antes tuvo tantos medios tecnológicos de comunicación pero que nunca antes estuvo tan distanciado, tan incomunicado. Este estado de cosas no son un fracaso de la humanidad, son el fracaso de los modelos económicos imperantes, incapaces de solucionar los graves problemas que sus políticas acarrearon y continúan acarreando en el mundo entero.
Estamos a tiempo; todavía quedan en la patria de Artigas recursos y potencial humano para enfrentar la crisis. Pero habrá que ingeniarse y mucho, porque tampoco existen ya proyectos para armar. Hay que fortalecer nuestro Frente Amplio, herramienta fundamental para la construcción de políticas económicas, productivas y culturales a partir de nuestra propia historia, de nuestra propia identidad; hay que generar modelos de desarrollo sustentables, desde nuestras riquezas potenciales y desde nuestras carencias, sin importar modelos basados en capitales transnacionales que terminan expulsando y marginando gente, trastocando nuestra cultura y nuestro paisaje, generando más desocupación y miseria.
Hay que prepararse para ello. Humana y tecnológicamente. Hay que recomponer el entramado social, generar trabajo y hábitos de trabajo.
De última, seguimos en el mismo camino de siempre, aquel que comenzamos a andar hace mucho tiempo en Purificación y que nos habrá de llevar, si somos capaces, hacia la Patria Grande y Federal.
A los indecisos piensen por los niños que son el país del mañana. Por la igualdad, la democracia y los derechos de todos los ciudadanos. ARRIBA EL PEPE!