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Síntesis Histórica del Movimiento de Participación Popular

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La recomposición política hasta 1989

El Movimiento de Participación Popular fue presentado públicamente el 6 de abril de 1989,pero su proceso fundacional se extendió por lo menos a lo largo de un año. En el nombre se marcaban dos concepciones identificatorias: en primer lugar el movimiento y no el partido, una forma organizativa que esquivara la rigidez que caracterizaba otros modelos; y en segundo término la participación, dato esencial en los ochenta, no sólo como reacción a la dictadura sino como crítica a una izquierda que se había centralizado y cerrado a la hora de definir la estrategia para la transición.

El MPP es una organización joven, pero enraizada en un sustrato profundo. La gran mayoría de las organizaciones y personas que participaron de esos iniciales acuerdos provenían de experiencias anteriores a la dictadura 1973–1985, sobre todo de las luchas sociales y políticas de la década del 60. Esa generación política fue el principal blanco de la dictadura, sus integrantes fueron desaparecidos, asesinados, encarcelados o debieron exiliarse, diáspora que contribuyó a la dispersión ideológica, política y organizativa. Incluso la misma idea de Frente Amplio estuvo en cuestión durante esos años.

Tras una década de dictadura, hacia 1983 comenzaron a consolidarse las resistencias en el país, actividades en las que se abría paso una nueva generación, casi desprovista de referentes. Contra el parecer de esa intransigente corriente militante, pero apoyada por casi todos los sectores organizados, en 1984 la dirigencia del Frente Amplio asumió una estrategia de priorizar la legalización y la participación electoral, a cambio de aceptar elecciones con los dos principales candidatos proscriptos, Ferreira Aldunate (Partido Nacional) y el general Líber Seregni (Frente Amplio).

Tal como estaba previsto, en esas elecciones ganó el Partido Colorado y fue presidente Julio María Sanguinetti. Dentro de las primeras medidas del gobierno civil se cuentan la amnistía para los presos políticos y la restitución de los funcionarios públicos expulsados por la dictadura. Dos años después, cuando el Poder Judicial se despegó de la prudencia con que se adaptaba al nuevo régimen y comenzó a investigar las violaciones a los derechos humanos, el Parlamento votó la Ley de Caducidad para asegurar la impunidad de los militares, impidiendo que fueran llevados ante un juez por los crímenes cometidos. Frente a esto un amplio movimiento popular comenzó la recolección de firmas para llamar a un referéndum que anulara la ley.

La refundación del Frente Amplio en 1984 se hizo sobre la base de cinco sectores. La lista 99, sector batllista escindido del Partido Colorado en 1970 detrás del senador Zelmar Michelini, asesinado en Buenos Aires en 1976; el Partido Comunista, fundado en 1921; el Partido Socialista, quince años más viejo; la Democracia Cristiana, fundada en los 60; y la IDI (Izquierda Democrática Independiente) grupo recién armado con restos del naufragio, definido como izquierda nacional, tercerista, y crítico de la estrategia que predominó en la salida democrática.

La IDI intentó ser el correlato político que canalizara la oposición social emergente, a la vez que la continuadora de ese espacio que se situaba en la izquierda de la izquierda, muy fuerte en 1971. Pero el proyecto tal vez era prematuro, y debía esperar la recomposición de los sectores más golpeados por la dictadura, por la derrota y la dispersión. Había expectativa sobre la evolución del MLN, sin duda un referente histórico, expectativa que tuvo que dejar madurar las circunstancias.

Con la amnistía de marzo de 1985 los tupamaros comenzaban un largo periplo de recomposición humana y política, de discusión interna, a la vez que recorrían el país hablando y escuchando en las esquinas y plazas. Los viejos dirigentes, en la calle tras más de una década de duras condiciones carcelarias, manifestaron su propósito de luchar “en el marco de la legalidad vigente”, sin desechar definitivamente la lucha armada pero sin dar pretextos para agresiones “contra los trabajadores, el pueblo o la democracia parlamentaria”. Nótese que en un momento de revalorización del regreso a la democracia ésta era definida por el MLN como “legalidad vigente” y “democracia parlamentaria”, marcando la falta de otros contenidos (hubo quienes definieron el régimen como “democracia tutelada”).

Tres años duró la recomposición. En diciembre de ese año 1985 los 1300 integrantes del MLN, en su III Convención, reafirmaron “el carácter estratégico de la unidad de la izquierda” y la valoración del Frente Amplio como “la síntesis política posible de las luchas del pueblo uruguayo” en esta etapa. En abril de 1986 el MLN pidió ingreso al Frente Amplio, quedando en espera. En 1987 realizó su IV Convención y definió su política de alianzas en un acto público. En ese acto, realizado en el Estadio Franzini, hubo tres discursos -Mujica, Fernández Huidobro y Sendic- que expresaban tres énfasis, tres visiones de la coyuntura y del futuro, tres aspectos de una síntesis política que buscaba decantarse en la acción del MLN.

Sendic desarrolló las ideas que venía manejando desde que salió de la cárcel. Marcó un programa de soluciones: distribución de la tierra, nacionalización de la banca, no pago de la deuda externa, aumentos salariales para ensanchar el mercado interno, y “que las industrias y comercios endeudados pasen a los trabajadores” (era el viejo programa de la izquierda, con el agregado del tema de la deuda, que había crecido de forma monstruosa durante la dictadura). Propuso la creación de “un gran frente que se comprometa con estas soluciones”, y dentro de él la unidad de “las fuerzas afines, para darle un impulso a esta salida y a otras más profundas”.

Mujica buscó echar otra luz sobre el planteo de “Frente Grande”: dijo que no era una nueva organización política sino “un camino de alianzas”, ni era alternativa al Frente Amplio, gestado “por esfuerzo y sacrificio del pueblo uruguayo y con muchos chorros de nuestra sangre”. Se trataba de crear, dentro del Frente Amplio, una expresión política “para intentar avanzar hacia formas más vastas de unidad popular, sin por ello perder el trazo de un socialismo nacional, pluripartidista, democrático, participativo”.

Fernández Huidobro ancló históricamente el planteo en Artigas y sus gauchos, en los anarquistas y socialistas del 900, en las vertientes y grupos que en los sesenta y setenta buscaron unirse para radicalizar el proceso. “Tres son nuestras propuestas: el Frente Grande; el Frente Amplio; y un movimiento político que exprese a quienes hoy estamos por el poder popular, pleno, plural, libre, participativo, sin hegemonismos, sin aparateos, solidario, por la unidad sin exclusiones, contra las burocracias, los autoritarismos, los dogmas, independiente”. Y toca un tema delicado por ese entonces: “que tenga, de ser posible, también una expresión electoral a la que vamos a apoyar, porque vamos a participar activamente en las elecciones”. Y también –los equilibrios eran muy importantes- “que sea revolucionario, que luche sin ningún lugar a dudas por la liberación nacional y el socialismo”.

Estos tres discursos enfrentaron la coyuntura política con diferente resultado. El Frente

Grande siguió en el terreno de las aspiraciones futuras, y tal vez su única herencia fuera la idea de que el Frente Amplio no debía levantar vallas a otras alianzas mayores. El movimiento político “por la liberación y el socialismo” comenzaría a concretarse en 1989. Y el planteo más pragmático, más abierto, expresado por Mujica, reaparecería una década después para redirigir el MPP.

 

1989: el año terrible

El 16 de abril fue derrotada la opción de la izquierda en el referéndum para derogar la ley de Caducidad, y el 28 sobrevino la muerte de Raúl Sendic. Por los mismos días se concretó la división del Frente Amplio: los sectores que se retiraron y conformaron otro partido llamado Nuevo Espacio habían recibido la mitad de los votos de la coalición en 1984. Entre otras cosas estos disidentes criticaban el perfil sesentista de una izquierda no “modernizada”, lo que ahora parecía reforzarse con el probable ingreso de los tupamaros.

El 6 de abril se presentó el MPP en una conferencia de prensa. Las mayores novedades estaban en lo organizativo, donde se establecía que los grupos de base eran “la columna vertebral del movimiento”, que la dirección política sería elegida por el voto secreto de todos los militantes, y que lo mismo se haría para definir las listas de candidatos electorales, prácticas desconocidas hasta ese momento en la política uruguaya. De momento, entre la dirección y las bases quedó un amplio espacio vacío que de inmediato fue llenado por grandes asambleas donde se discutía todo, donde se expresaban mil voces de forma igualitaria. Luego vendría el tiempo de la creación de direcciones intermedias y departamentales, buscando crear estructuras más estables que dieran continuidad, coherencia y eficiencia.

Otras definiciones importantes apuntaban a amalgamar esa rara mezcla de organizaciones políticas y militantes independientes, que debían confluir “en un pie de igualdad” en los grupos de base. Las organizaciones, decían los documentos, “no están obligadas a disolverse ni a renunciar a su propia identidad”. Allí estaban el MLN, el PVP (Partido por la Victoria del Pueblo, de raíces anarquistas), el MRO (Movimiento Revolucionario Oriental, que desarrollara lucha armada antes de la dictadura), y el PST (Partido Socialista de los Trabajadores, de definición trotskista, vinculado a la Cuarta Internacional).

Fuera del MPP había grupos de otro tipo que tampoco querían disolverse ni renunciar a su identidad: el 4 de mayo, en pleno día, estalló una bomba en la puerta del local del PVP. El 18 de mayo se realizó el primer acto público del MPP, al que asistieron de 6 a 7.000 personas. La consigna principal marcaba el momento político: “con el FA sin exclusiones, contra el hambre y la impunidad”. El 20 de mayo el Frente Amplio aprobó el ingreso del MLN, abriendo un amplio campo para el desarrollo del MPP.

El 6 de julio el MLN comunicó su decisión de no presentar candidatos propios para las elecciones nacionales de noviembre. Se ubicó esa inusual postura en el campo de lo emotivo, en la subjetividad de “viejos militantes que han sido dirigentes en un proceso donde se cometieron errores que costaron vidas humanas y se cosechó una derrota”. Y también se hizo referencia al proceso de reconstrucción del MLN, aún no culminado, donde se intentaba no perder “el más mínimo gramo de energía revolucionaria, tratando de ir con todo nuestro pasado a cuestas, lo que hace que tengamos una relación más lenta con nuestra propia historia”. Los candidatos del MPP salieron de una elección popular abierta, donde votaron 9.000 personas.

El MPP decidió que establecería para sus parlamentarios un salario “que proporcione una vida decorosa y que en carácter de única entrada asegure un correcto desempeño y dedicación a la tarea”. Estos representantes se comprometieron a “brindar informes populares cada seis meses” en lugares públicos, a micrófono abierto, para “recibir críticas y sugerencias”. Asimismo se obligaron a entregar las bancas si la organización lo solicitaba.

En noviembre triunfó el Partido Nacional (720.000 votos), seguido por el Partido Colorado (560.000), y detrás el FA (395.000, casi los mismos de 1984). El Nuevo Espacio, escindido del FA, obtuvo 166.000. En Montevideo, ciudad que tiene la mitad de la población del país, triunfó el Frente Amplio.

Dentro de la izquierda predominó el Partido Comunista con sus aliados (185.000 votos), luego los socialistas (88.000), la Vertiente Artiguista (nuevo reagrupamiento, 62.000), y el MPP (42.000). Con estos votos el MPP obtuvo dos diputados y dos ediles en la Junta Departamental de Montevideo. Algunos emepepistas integraron el gabinete del primer intendente de izquierda de la capital, Tabaré Vázquez.

 

1990 – 1996: unidad y contradicciones

En este sexenio ocurrió la fragmentación de la URSS, en medio de disturbios internos y guerras regionales. La Unión Europea se erigió en heredera de la Europa del Este. Estados Unidos acentuó su ofensiva, en el Golfo Pérsico y en América Latina, invadiendo Panamá en 1990, creando condiciones para la derrota electoral sandinista, y fortaleciendo la presencia militar “contra el terrorismo y el narcotráfico”.

En Uruguay el período de gobierno de Luis Alberto Lacalle (Partido Nacional), entre 1990 y 1995, se caracterizó por una ofensiva ideológica y práctica del neoliberalismo, que se propuso privatizar propiedades y actividades del Estado, reduciendo su papel regulador, desmantelar el Estado de Bienestar y las leyes laborales, y propagandear una visión de la vida que cantaba loas a la perfección del mercado y a las virtudes del individualismo y el consumismo. Un primer MERCOSUR neoliberal (Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil y el general Rodríguez en Paraguay) justificó la rebaja de aranceles y la desindustrialización, que generaron desocupación y marginación social como nunca antes se había visto en el país.

Esta ruptura del tejido social tendría consecuencias también en lo político. En un contexto de explosiva desocupación y empobrecimiento se debilitaron los sindicatos y organizaciones sociales, y se incrementaron las ocupaciones de tierras y los “asentamientos” en el cinturón montevideano.

La resistencia se expresó en un referéndum que derogó algunas privatizaciones de empresas estatales, con un 72.5% de los votos.

El Frente Amplio fue golpeado por la crisis del socialismo real y por diferencias acerca de la acción política de cara a las elecciones de 1994. Se produjo un recambio de liderazgo al quedar en amplia minoría la postura de Seregni y el senador Astori, que propugnaban firmar un acuerdo sobre reforma constitucional con los partidos tradicionales, resignando un posible triunfo. Se da la ampliación de la izquierda con el Encuentro Progresista, se define la fórmula Tabaré Vázquez – Nin Novoa, y el general Seregni renuncia a la presidencia de la coalición. Paralelamente a este cambio de conducción se da una aceleración de la centralización del poder en el núcleo dirigente, desvaneciéndose las intermediaciones entre este grupo y los votantes.

En las elecciones triunfa el Partido Colorado y Sanguinetti vuelve al gobierno, pero se acortan las distancias entre lemas: 631.000 votos los colorados, 607.000 el Partido Nacional, y 603.000 el Encuentro Progresista. En Montevideo volvió a ganar la izquierda, con un 44%, y Arana será el intendente.

Las fuerzas internas de la izquierda se reordenaron así: el grupo del senador Astori 240.000 votos, los socialistas 110.000, la Vertiente 56.000, el Partido Comunista 56.000, el MPP 44.000, Nin Novoa (que pasara del Partido Nacional al Encuentro Progresista) 31.000, CONFA (ex comunistas) 31.000, Demócratas Cristianos (que volvieron a la izquierda) 19.000. El PVP, obtuvo 6.500 sufragios.

El desarrollo y el accionar del MPP en este sexenio tuvo aspectos positivos, en su implantación y su trabajo social y político, oponiéndose al empuje neoliberal, logrando un lugar en la izquierda y en la política uruguaya. También aparecieron tempranas contradicciones internas entre “un” MPP que participaba en el gobierno de Montevideo y “otro” que se movilizaba contra algunas políticas del mismo gobierno.

El Primer Congreso del MPP en 1990 había definido una “estrategia política de poder popular” que combinaría la movilización desde abajo con las acciones de la administración frenteamplista, pero en la práctica no se operó esa conjunción. En el Segundo Congreso, realizado en mayo de 1994, se produce el alejamiento del PVP, que planteaba respaldar al gobierno de izquierda con una política más transaccional. Entre los que no se van quedan planteadas las diferencias que llevarán a la división de 1999, y que tienen que ver con esa actitud frente a la institucionalidad.

Un momento difícil en este sexenio fue la represión en torno al Hospital Filtro, en agosto de 1994, donde mucha gente manifestaba por el derecho de asilo de ciudadanos vascos que iban a ser extraditados a España acusados de pertenecer a ETA. Además de los muertos y heridos que quedaron en las calles tras la acción policial, el gobierno cerró la radio CX 44, perteneciente al MLN.

 

1996-1999: un replanteo a fondo

El debilitamiento de la movilización social había contribuido a situar las expectativas y esperanzas de cambio casi exclusivamente en un posible triunfo electoral de la izquierda, que debía darse en 1999. La cruda imposición del neoliberalismo en Argentina había desembocado en espontáneos estallidos sociales, pero en Uruguay operaban diferentes mecanismos de amortiguación: esa posible cercanía de un triunfo electoral, la alta organicidad –aún en medio de la crisis- del movimiento popular, el claro predominio de una postura conciliadora en la izquierda política, la existencia de sectores sociales con espacios para ceder sin caer en el abismo de la pobreza...

A la hora de marcar los caminos a transitar en esos próximos años, en el MPP se consolidaban dos visiones acerca de ese proceso, diferencias que se venían mostrando desde años anteriores en torno a diversos temas.

Diversos hechos del acontecer político fueron consolidando las diferencias, que provocaron la fractura en el Cuarto Congreso del MPP, al iniciarse el año 1999. Los principales voceros de la disidencia, plantearon que se estaba construyendo “un MPP funcional al cambio del FA”, el cual sufría de “sesgo electoralista, avance del personalismo, manejo del carisma y crisis ideológica y de la participación”, transformándose en “un partido tradicional más”. La versión opuesta la daba

Mujica: “Pensamos que se puede navegar sin conceder, sin abdicar, hacia una política de acumulación, no para ser testimoniales sino para incidir en la realidad. Hay que intentar llegar al gobierno y luego pelearlo, y para eso hay que agrandar mucho más la visión y el panorama”.

Precisamente Mujica, elegido diputado en 1994, fue encontrando ámbitos receptivos para su discurso, que incorporaba los planteos de “país productivo” para sustentar las alianzas bosquejadas en 1996. Profundos cambios ocurridos en la sociedad la habían “acercado” a este discurso, tanto el vacío generado en la izquierda luego de la caída del socialismo real, como el abandono del nacionalismo por un Partido Nacional jugado al neoliberalismo, así como el divorcio total y definitivo entre el Partido Colorado y el estatismo batllista. Y junto con esto, la destrucción de las amplias clientelas electorales, la misma modernización de la clase política, que había cortado los antiguos vínculos caudillistas, dejaron márgenes para que creciera esa abigarrada construcción histórica que plantaba las raíces de la izquierda en Aparicio Saravia, Pepe Batlle y los anarquistas, tendiendo un puente hacia las ideologías fundantes de los partidos tradicionales.

 

1999-2005: hacia el gobierno

El MLN - MPP del 2000, por boca de Mujica, redondea una visión histórica, una mirada al presente, y un presentimiento del futuro, que se traducen en una línea política que va a presidir los esfuerzos de estas organizaciones hasta hoy.

En setiembre de 2001, poco antes de la crisis que conmovería al país, el MPP realizó su Quinto Congreso. Allí se decía: “De ser una organización trabada por sus contradicciones internas, el MPP pasó a ser una organización con iniciativa política, aciertos importantes en la coyuntura, con presencia en el Frente Amplio, siendo también puerta de entrada hacia la base de los partidos tradicionales. El trabajo hacia fuera pasó a ser el eje principal de desarrollo, lo que permitió plantear un discurso que nos proyectó a sectores muy amplios de nuestra sociedad. También crecieron nuestras ideas en sectores que antes no considerábamos como pueblo: los productores rurales y sectores de la pequeña y mediana industria y del comercio”.

En las elecciones de 1999 el Frente Amplio obtuvo el triunfo en la primera vuelta, con el 39% de los votos, pero la oportuna reforma constitucional recién impuesta obligaba a una segunda vuelta, donde el Partido Colorado sumó su 32% al 22 del Partido Nacional, resultando presidente Jorge Batlle.

Dentro del FA fue mayoría el Partido Socialista (26%), luego el sector del senador Astori (20%), y en tercer lugar el MPP, que llega al 14%, unos 120.000 votos, el triple de los obtenidos cinco años antes. Mujica es elegido senador.

Estos resultados marcaban necesidades perentorias de cara al 2004: “aportar al FA un horizonte de propuestas de gobierno que hagan viable ante nuestro pueblo una real alternativa de cambio”, integrar en el MPP el “heterogéneo social y político” convocado sin perder el rumbo estratégico, crear un nuevo espacio político sobre las coincidencias tácticas y programáticas aparecidas en el quehacer político.

En ese Quinto Congreso hubo otras definiciones. Respecto a las relaciones internacionales se priorizaba la integración en el MERCOSUR para evitar un peligroso aislamiento, y posicionados como bloque “establecer líneas de trabajo y acuerdo con países emergentes, tales como India, China, Sudáfrica y otros”, tras la idea de armar contrapesos colectivos al poder de Estados Unidos.

Para adentro de las fronteras se ponía énfasis en los cambios ocurridos en la sociedad, donde la desocupación y la desregulación laboral exigían darle centralidad estratégica a leyes de negociación colectiva y fuero sindical, para modificar la situación salarial, organizativa y las condiciones de trabajo.

En cuanto a la clase dominante, se veía un bloque gravitante conformado por los grandes exportadores agroindustriales, las grandes cadenas comerciales y el sistema bancario (incluyendo propietarios de bancos y depositantes), elite complementada por los dueños de los grandes medios de comunicación y sectores de la burocracia gubernamental. El programa de este conjunto era sencillo: “más desregulación, más apertura, más desmonopolización y menos gasto público”. Por fuera de este círculo el MPP observaba “un conjunto de medianos empresarios, comerciantes, ganaderos” cuyas contradicciones con los anteriores eran remarcadas de cara a la definición de estrategias políticas.

Estas diferencias y nucleamientos se hicieron visibles en el año 2001 en la gran movilización nacional de la Concertación por un País Productivo, que unió al PIT - CNT con gremios empresariales. A las críticas lanzadas desde la izquierda, el senador Mujica respondió que “en la vida hay intereses comunes en una coyuntura y hay intereses contrapuestos en el largo camino”, y que “la desindustrialización crea un proletariado más paupérrimo, más prisionero de la ley de la necesidad, más difícil de concienciar”.

El Sexto Congreso del MPP, llevado a cabo en marzo de 2004, ocho meses antes de las elecciones que se preveía dieran el gobierno a la izquierda, puso como centro la consigna “Hacia la Refundación Nacional”. “Parece un retroceso hablar de refundación nacional, pero en la etapa actual el programa de transición ya no puede apoyarse en las consignas de 1965, porque mataron el país productivo y los excedentes de producción que antes se pretendía redistribuir ya no alcanzan. Hoy es necesario iniciar un proceso de reconstrucción del aparato productivo, del entramado social y de las relaciones de solidaridad y de cooperación que durante tanto tiempo caracterizaron al pueblo oriental”.

En la política de alianzas se consolida el Espacio 609, incorporando grupos políticos que provienen de los partidos tradicionales como “Claveles Rojos” y “Columna Blanca”; y personalidades de la izquierda como Alberto Couriel entre otros, constituyendo una vía de entrada de militancia que pertenecía a sectores que hasta ese momento nunca habían adherido al Frente Amplio.

Ver las limitaciones no significaba cerrar el desarrollo del proceso: el programa de transición serviría para desarrollar “apoyos nacionales e internacionales que permitan la profundización”, entendiendo por apoyos “financiamiento, mercado interno, comercio hacia fuera, apoyo tecnológico y sobre todo organización de los pueblos”. Se veía esa etapa centrada en un desarrollo del mercado interno y la industria nacional, apoyada “indefectiblemente en el agro y la agroindustria, en el trabajo con materia prima nacional, leche, carne, cuero, lana y cereales”. Asimismo era necesario “desarrollar al sujeto social, organizado y capaz de organizar, base fundamental de la refundación nacional”.

Para esta refundación era esencial obtener el gobierno nacional, y para esto había que acumular enfrentando al enemigo principal, “combinando la lucha institucional, la lucha de masas y la lucha política”, articulando estos factores “con una gran flexibilidad táctica”.

Siguiendo la idea de elaborar propuestas y equipos para un proceso de cambio social el MPP creó a mediados de 2002 el Centro Artiguista por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CADESYC), “un ámbito académico y político para el estudio, el seguimiento y la elaboración de propuestas”. Dentro de los muchos trabajos realizados cabe destacar la “Propuesta de estrategia de desarrollo agroindustrial para un país productivo en un gobierno progresista”, donde se asocian crecimiento y empleo, aumento de la producción y “una inserción propia en el mundo, en una situación de menor dependencia”. Crecer e invertir, recuperando empleo, salarios y mercado interno, dándole a la fuerza de trabajo “un lugar en el futuro de este país, con participación en la construcción social alternativa”, ubicando como “actor central en el proceso económico” al productor uruguayo que vive en el campo trabajando familiarmente.

Para que esto se convirtiera en realidad se planteaban algunas “ideas fuerza centrales”: el rol activo y orientador del Estado, la solución impostergable al endeudamiento interno del sector productivo, la necesidad de inversiones y de un sistema financiero acorde al país productivo que se quiere alcanzar, y una política de tierras que cuide los suelos y el agua, y frene la especulación y la extranjerización. Asimismo se mencionó la dignificación del trabajo y del trabajador, y el asociacionismo como línea de trabajo de futuro.

En las elecciones de 2004, por fin, la izquierda triunfó en primera vuelta, con el 50.4% de los votos, que fueron 1.125.000. El 29.3% de esos sufragios los obtuvo el MPP, unos 328.000 votos, logrando 6 senadores y 19 diputados. En las elecciones municipales de mayo de 2005 el MPP mantuvo el primer lugar dentro de la izquierda, con 224.000 votos y 52 ediles en todo el país. En el gabinete del presidente Vázquez ocupó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca José Mujica y Eduardo Bonomi quedó al frente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Cuando en las elecciones de 1958 el Partido Nacional quebró casi un siglo de gobiernos colorados, Carlos Quijano editorializaba en Marcha: “El ciclo se ha cerrado. Tal vez en la sucesión de las horas, los días y los años era necesario este desenlace, era necesaria esta victoria para lograr otras, era necesaria esta experiencia para que la historia siguiera su marcha”. Casi medio siglo después otro quiebre producido en las elecciones cerró un ciclo y abrió una nueva experiencia, para que la historia siguiera su marcha.

 

El MPP en el gobierno frenteamplista

En marzo de 2005 el Frente Amplio asume el gobierno. Tabaré Vázquez es el nuevo presidente de los uruguayos. José Mujica es el Senador más votado, le corresponde a él investir al Presidente de la República y tomar juramento a cada uno de los senadores del nuevo Parlamento. Las imágenes, las palabras, los gestos marcan la emoción que se vive en ese momento donde los lideres históricos del movimiento popular que tuvo sus orígenes en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros en la década del 60, se abrazan como miembros del Movimiento de Participación Popular (MPP), integrando el partido de gobierno, el Frente Amplio. Con mayoría en ambas cámaras para el ejercicio del gobierno en el período 2005 – 2010.

En el nuevo gobierno el compañero José Mujica pasa a ejercer la titularidad del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca; y Eduardo Bonomi, integrante de la Dirección Nacional del MPP, la del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Ambos integran el gabinete del Presidente Tabaré Vázquez, impulsando las políticas de cambio en el gobierno, que desde el Ministerio de Ganadería podrán sintetizarse en una búsqueda permanente de mayor participación del Estado en las políticas productivas, revirtiendo un proceso de prescindencia y deterioro de la actividad estatal sobre la producción y el mercado.

Desde el Ministerio de Trabajo se impulsa con fuerza un reposicionamiento de la actividad sindical. Que crece permanentemente con la formación de nuevos sindicatos y un trabajo muy efectivo en la solución de los conflictos obrero-patronales con la mediación, que consiste en una búsqueda permanente del acuerdo entre las partes.

Se ha trabajado en la recuperación del salario real tanto en la actividad pública como privada con resultados apreciados hoy por los trabajadores, utilizando como herramientas los Consejos de Salarios, mecanismo tradicional en la solución de conflictos salariales en la sociedad uruguaya, pero que había sido dejado de lado en los últimos quince años de gobierno de los partidos Blanco y Colorado, que priorizaron la política neoliberal conocida como “flexibilidad laboral”.

La generación de nuevos empleos, especialmente en la actividad privada, como resultado de la acción de todo el gobierno frenteamplista que ha permitido bajar el índice de desempleo que llegó hasta el 17% en los años 2003 y 2004, y hoy se encuentra en 7,6%.

Es importante destacar que desde el MPP – Espacio 609 se ha trabajado permanentemente por la unidad en la acción del gobierno, tanto desde el Poder Ejecutivo como en el trabajo parlamentario. Desde la bancada parlamentaria el MPP-Espacio 609, que es el sector más numerosos en el total de los parlamentarios frenteamplistas, se ha implantado la ley de Reforma Tributaria y la ley que crea el Sistema Integrado de Salud, que significan un impulso a la transformación profunda de nuestra sociedad.

La próxima elección nacional que se realizará en octubre de 2009, constituye una tarea permanente en el trabajo político del Frente Amplio y del Espacio 609. El objetivo es que el Frente Amplio gane nuevamente las elecciones con mayoría absoluta para poder profundizar el programa de cambio y las transformaciones que tanto necesita la sociedad uruguaya.

 

Comentarios (2)
Hay mucho que aprender del MPP
2 Martes, 20 de Julio de 2010 19:19
Viva el MPP y los Tupa, y el pueblo oriental! Hay mucho que aprender de su experiencia, pero los pueblos triunfaremos en todo el continente, yo lo se.

Saludos desde Buenos Aires.

Gonzalo Fernandez,
Movimiento Libres del Sur - Argentina
PERSEVERANCIA
1 Martes, 10 de Noviembre de 2009 02:22
A quien corresponda;
Emitir un breve comentario sobre la rica historia del MPP sería un atreviemitno de mi parte, pèro afirmo que no logro salir de mi asombro con respecto al crecimiento qu ha teniodo el espacio, esto es consecuencia de la forma de actuar de los dirigentes que estan nucleados dentro del mismo espacio y en consecuencia son fuertemente respaldado por la gente, esa como uno, comun y corriente y ahota quedo demostrado que esta ideología llega a todos los estractos de la sociedad.
Gracias por dejar este espacio libre para poder plasmar mi forma de pensar..
Horacio Rivero
C.I. 3.012.267-4
Progreso-Canelones
Tel 099333784

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